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En el Algarve ya es primavera
Mientras muchas regiones de Europa siguen en pleno invierno, el sur de Portugal empieza a mecerse bajo temperaturas más suaves y cielos más claros. Es la hora del espectáculo.
Un delicado manto de color rosa pálido, blanco incluso, empieza a cubrir los paisajes y teñirlos de magia. Parece nieve, pero no lo es: es el hechizo de los almendros en flor, que en el Algarve se adelantan y pintan grandes extensiones de campos, alejados de circuitos masificados. Si sueñas con huir del invierno, apunta estos cinco lugares en los que disfrutar ya de una adelantada primavera.
En el Algarve la primavera empieza a sentirse. Es la hora de una de las citas más especiales del sur de Portugal, una preciosa cita con la naturaleza, que aleja todas las miradas de la costa para llevarlas al interior. Es allí donde el paisaje se pinta de tonos bancos y rosados, resultado de la floración de unos almendros más adelantados que en España y que permiten hacer realidad esa fantasía con la que soñamos desde hace semanas: el fin de este duro invierno.
La floración de los almendros marca el inicio de la ‘primavera algarvía’, que se disfruta especialmente en el barrocal. Es ésta la zona rural que se extiende entre la costa y la sierra, donde los caminos, las colinas y los campos ofrecen una de las estampas más característica del otro Algarve: el Algarve de campos infinitos, pueblecitos sosegados, tradiciones y calma portuguesa. Es el momento ideal para calzarse las zapatillas y explorar a pie esta región tan bonita como sorprendente y desconocida. A continuación, te decimos adónde dirigir tus pasos.
Cinco lugares imprescindibles para disfrutar del Algarve en flor
Silves: una fantasía para tus fotos
La antigua capital árabe del Algarve está rodeada por un paisaje que en febrero se transforma por completo. En cuanto uno se aleja unos metros del centro histórico, comienzan a aparecer colinas onduladas cubiertas de almendros que alternan con naranjales y suelos rojizos tan característicos de la zona.
La luz suave de esta época del año realza los tonos blancos y rosados de las flores, creando un contraste muy fotogénico con el castillo y las casas encaladas de Silves. Es un lugar ideal para recorrer caminos rurales casi sin tráfico, detenerse en pequeñas fincas y disfrutar de esa combinación única entre historia y naturaleza que define al interior algarvío.
Alte: la esencia del Algarve interior
Quizá el pueblo más representativo del barrocal, Alte es conocido por sus fuentes, sus casitas blancas y por un entorno rural que en febrero luce especialmente vibrante. En sus alrededores se extienden amplias zonas de almendros, muchas de ellas accesibles a pie mediante senderos que parten directamente del núcleo urbano.
Las suaves colinas que rodean Alte ofrecen excelentes miradores naturales desde los que contemplar el paisaje florido, mientras que sus caminos de tierra permiten paseos tranquilos entre árboles cargados de flores. Es un destino perfecto para quienes buscan un Algarve auténtico y pausado, con la ventaja de que aquí la presencia humana es mínima y la sensación de inmersión en la naturaleza es total. Muy recomendable para caminantes y amantes de la fotografía.
Monchique: la sorpresa serrana
Aunque suele asociarse con paisajes de montaña y densa vegetación, la sierra de Monchique también es un magnífico escenario para ver almendros en flor. Su clima fresco y su relieve escalonado provocan floraciones que se extienden durante más días, creando un atractivo mosaico de flores entre bancales tradicionales, caseríos agrícolas y pequeñas huertas.
Aquí el paisaje es más agreste que en el barrocal, y eso hace que la floración tenga un aire especialmente pintoresco. Los almendros aparecen en laderas soleadas, junto a casas de piedra, y en caminos rurales que conectan pequeñas aldeas de montaña. Además, las vistas desde los puntos altos —como Fóia o Picota— permiten contemplar desde arriba cómo se salpican de blanco los valles.
Loule: el corazón de la primavera algarvía
Loulé es uno de los puntos esenciales para vivir la ‘primavera algarvía’ en su versión más auténtica. Sus alrededores están atravesados por carreteras rurales que en esta época del año se transforman en corredores floridos con almendros a ambos lados del camino.
El municipio combina zonas de pequeñas aldeas, colinas suaves y campos agrícolas donde los almendros crecen de forma abundante, lo que permite disfrutar de la floración casi sin esfuerzo, incluso en trayectos cortos. Además, es una zona donde el barrocal se muestra en todo su esplendor: casas tradicionales, muros de piedra, jardines rústicos y un ritmo de vida tranquilo que invita a detenerse y contemplar el paisaje. Perfecto tanto para viajeros que quieran explorar a pie como para quienes prefieran rutas panorámicas en coche.
La otra Tavira
En la campiña que rodea Tavira, los almendros florecen entre campos verdes, pequeñas aldeas y suaves colinas que descienden hacia el litoral. Esta parte del barrocal oriental es una de las más accesibles y variadas, perfecta para combinar pequeños trayectos en coche con breves paseos a pie.
Los contrastes entre el verde intenso del invierno algarvío y el blanco de las flores crean una estampa delicada, muy diferente del paisaje de verano que suele asociarse a Tavira, la perla algarvía próxima a Huelva con arenales extensos ideales para el disfrute familiar.
Además, en esta zona se conservan tradiciones agrícolas antiguas, y no es raro encontrar almendros junto a huertos o viejas casas de campo. Es un entorno ideal para quienes buscan descubrir un Algarve rural, cercano y sorprendentemente tranquilo en esta época del año.
Expreso. Redacción. J.R

























