Sindicador de canales de noticias
JetBlue amplía rutas en España con vuelos directos que unen Barcelona y Boston
Tenerife busca ‘exploradores genéticos’
El ciclo de eventos de The Terminal Hub cumple un año y crea comunidad con casi mil profesionales y 24 encuentros con una programación de lujo gratuita y abierta
Aniversario de Beachcomber Hotels Mauricio. Fam Trip de TUI y Turkish Airlines a Isla Mauricio con agentes de viajes de Levante
Nueva fase en la privatización de TAP: Air France-KLM y Lufthansa pueden enviar sus ofertas vinculantes
El lío en que se ha metido Volotea
La Unión Europea ha avisado a Volotea que no puede cambiar el precio de los billetes que ya ha vendido y por los que el cliente ha pagado. Esto ocurre por una idea, en realidad innecesaria, que ha puesto en marcha la compañía aérea española y que ha denominado “promesa de viaje justo” (Bruselas cuestiona la política de precios de Volotea).
El viaje justo del que habla Volotea es lo siguiente: usted compra el billete al precio que sea y cuando falte muy poco para viajar, la compañía automáticamente le manda una actualización del precio que incluirá la variación del petróleo. Si ha subido, el viajero ha de pagar más; si ha bajado, devuelve la diferencia (El recargo de Volotea por combustible, en el punto de mira).
En principio no suena mal, salvo por algunos problemas clarísimos. U oscurísimos, tal vez.
El primero, que menciona la Unión Europea en su crítica al modelo: los precios del combustible se conocen ahora con cierta aproximación, de forma que Volotea ya puede anunciar sus billetes a esos precios y cobrar lo que corresponda.
El segundo, Volotea parece autoatribuirse la determinación de ese precio, cosa que no siempre es transparente. ¿Cuánto ha de variar? ¿Cuánto le sube a usted su billete por cada diez dólares que suba el barril? Nada de eso está claro. ¿Por qué Volotea compara el precio del Brent y no el del queroseno de avión, como hacen otras aerolíneas?
Tercero: si el viajero no quiere pagar la diferencia, Volotea permite la cancelación del vuelo, pero no reembolsa el dinero. sino que devuelve un bono para un viaje posterior. Otra ilegalidad.
El lío de los intermediarios: las variaciones de precios, tanto al alza como a la baja, generan un torrente de efectos en los intermediarios, que generalmente cobran comisiones sobre el precio del viaje. Si sube o si baja, se abre una nueva negociación, que parece que está al albur de la buena voluntad de Volotea, porque no aparece en los contratos entre la empresa y sus agencias o mayoristas de viajes.
¿Y qué ocurre si Volotea nos dice que el billete sube porque ha subido el petróleo y el viajero no puede confirmarlo?
La legislación admite hoy que el precio de un billete de avión pueda cambiarse tras su venta. Pero en ese caso, el viajero debe ser informado claramente de esto antes de la compra, debe estar informado de su derecho a rechazar este cambio de precio y en ese caso tiene el derecho al reembolso completo del dinero (no un bono) pagado.
No necesariamente lo que propone Volotea es injusto con el viajero, pero está mal diseñado para cumplir con la legislación y para que sea absolutamente creíble. Hay oscuridad que no necesariamente significa que la aerolínea se vaya a aprovechar del viajero pero, desde luego, no es aceptable tal como lo plantea.
La promesa de “viaje justo” es más bien contraria a la ley. Y va a durar poco.
Páginas
- « primero
- ‹ anterior
- 1
- 2
- 3
- 4
























